Un tren de carretera de 175 toneladas en el desierto australiano

En el desértico interior australiano, una abuela de 52 años se sienta tras el volante de un tren de carretera Volvo FH 16 Tri drive de 175 toneladas. Por detrás tiene cuatro remolques y por delante, una larga y calurosa jornada en la carretera. Maxine Taylor, hija y viuda de conductores de camiones, no cambiaría su trabajo por nada del mundo.

Descubra qué se siente al conducir un tren de carretera de 175 toneladas por el desierto australiano en este episodio de El mundo del conductor.

Maxine Taylor, conductora de camiones.

Maxine Taylor, abuela y conductora de camiones, sigue los pasos de su padre y de su difunto marido.

Detrás del camión de Maxine Taylor, el polvo rojo se arremolina formando una nube. En la carretera, a 90 km/h, tiene ante sí el horizonte, resplandeciente bajo el abrasador calor australiano. Así es el interior desértico de Australia.

Fuera, la temperatura llega a los 48 ºC, pero podría ser aún peor. En esta zona, las temperaturas a menudo superan los 50º.

“Hay que beber mucha agua, pues de lo contrario, te puedes deshidratar muy rápido” explica. “El calor te puede superar. No se podría sobrevivir sin aire acondicionado”.

Esta abuela de 52 años está a cientos de kilómetros de cualquier población. Es un viaje muy solitario. No hay signos de vida, excepto alguna que otra vaca, un camello o un dingo que cruza la carretera, o un camión de otra empresa que circula en dirección contraria. 

Hay que beber mucha agua; de lo contrario, te puedes deshidratar muy rápido.

Maxine Taylor

conductora de camiones

Sube el volumen de la música y canta los temas de Jimmy Barnes, una leyenda del rock australiano. Es su dosis de adrenalina, comenta. Quizás también le hace no pensar en el hombre que debería estar sentado junto a ella, conduciendo camiones por el polvoriento interior australiano.

“Mi marido fue quien me inició en la conducción de trenes de carretera, después de que enfermara”, afirma. “Lo hicimos así para trabajar juntos durante sus últimos años y para poder mantener mi independencia económica”.

Durante tres años, la pareja trabajó para la misma empresa, en el mismo equipo y vivieron juntos en el campamento, viéndose cada noche, hasta que el marido de Maxine falleció hace dos años.

“Es algo que no te quitas nunca de la cabeza. Pienso en él todos los días y creo que sigo conduciendo para él, aunque ya no esté con nosotros.

Maxine conduce entre Woodie Woodie en la remota región de Pilbara, en Australia Occidental, y la ciudad costera de Port Hedland. Es un viaje de ida y vuelta de 800 kilómetros y lo hará cada día (con un día de descanso tras seis recorridos) durante ocho semanas, antes de disfrutar de dos semanas de vacaciones que pasará en su hogar de Brisbane, a 5.000 km de distancia, en la costa este de Australia. En el viaje de ida, lleva vacíos sus cuatro enormes remolques. De camino al puerto, van llenos de manganeso, una roca negra metálica que se parece un tanto al carbón y se utiliza como aleación para producir acero inoxidable.

 

Conduciendo al anochecer en el desierto.

Normalmente, se tarda entre 12 y 13 horas en realizar el trayecto de ida y vuelta, pero pueden llegar a ser 17 horas si estalla un neumático, si sufre una avería o si las condiciones en la carretera no son óptimas.

Maxine realiza comprobaciones en el camión antes de partir.

A Maxine le encanta el compañerismo y la sensación de comunidad con los demás conductores de camiones en la región.

Las jornadas son largas. Normalmente, se tarda entre 12 y 13 horas en realizar el trayecto de ida y vuelta, pero pueden llegar a ser 17 horas si estalla un neumático, si sufre una avería o si las condiciones en la carretera no son óptimas. Cuando llega la temporada de lluvias, puede estar esperando días a que remitan las crecidas.

La mina trabaja con turnos rotativos, por lo que en cuanto Maxine llega a la base y deja su carga, otro conductor se sube al camión y repite el trayecto completo. Cuando el conductor regresa a las 12 ó 13 horas, ella vuelve a ponerse al volante del camión, se dispone a escuchar su álbum favorito de Jimmy Barnes e inicia el trayecto de nuevo.

No hay muchas mujeres que trabajen en este sector y Maxine admite que solo ha visto a una mujer conduciendo trenes de carretera. Cuando le preguntan sobre su profesión, mucha gente no cree que realmente conduzca trenes de carretera, sobre todo cuando se la presentan. “Me dicen ‘vaya, no tienes pinta de dedicarte a eso’”, explica.

Pero lo cierto es que Maxine siempre quiso ser conductora de camiones. Su padre fue conductor de camiones, al igual que lo fue su marido y a ella le encanta conducir, lo hace de forma natural. Y aunque es una mujer en un entorno de trabajo masculino, sabe que los hombres la respetan, al igual que ella a sus compañeros. 

Los chicos son fantásticos. Siempre me llaman por la radio ‘Max, ¿estás bien?’ Como hacemos todos. No es porque sea una mujer. Simplemente cuidamos unos de otros. Llevamos mucho tiempo aquí, somos como una familia.

Maxine Taylor

conductora de camiones

Siluetas de dingos.

La remota región de Pilbara, en Australia Occidental está a unos 5.000 km del hogar de Maxine en Brisbane, en la costa este.

“Los chicos son fantásticos”, comenta. “Si tengo que parar o tengo una avería, me preguntan ‘¿tienes bastante agua, tienes bastante comida?’ O se paran e intentan ayudarme. Nos llevamos estupendamente y siempre me llaman por la radio ‘Max, ¿estás bien?’ Como hacemos todos. No es porque sea una mujer. Simplemente cuidamos unos de otros. Llevamos mucho tiempo aquí, somos como una familia”.

Maxine y sus compañeros suelen celebrar barbacoas, que acompañan con alguna bebida y muchas conversaciones, risas y chistes para subir los ánimos.

“Todos nos entendemos, todo el mundo es muy amable y nos llevamos genial. Tiene que ser así en este tipo de entorno, porque pasamos más tiempo juntos que con nuestras familias”.

Su propia familia está repartida por toda Australia. Mantiene su casa familiar en Brisbane, donde vive solo uno de sus tres hijos adultos. Sus otros dos hijos viven al sur, en Nueva Gales del Sur. Tiene dos nietas, además de “un nieto en camino”, comenta con orgullo.

“A veces me quedo inmersa en mis pensamientos”, explica. “La mente divaga un poco. No veo a mi familia muy a menudo. No es algo que me entristezca. Siempre es genial cuando nos vemos y nos ponemos al día. Supongo que me he acostumbrado a que sea así”.

La decisión de mantener su casa en Brisbane, y con ella una hipoteca, es uno de los principales motivos por los que sigue conduciendo camiones. Pero aunque ha vivido allí durante 25 años, el campamento de la mina de Port Hedland es lo que ella considera su “hogar” estos días.

“Después de ocho semanas, estoy deseando ir a mi casa de Brisbane, pero cuando llego, como no hay nadie, enseguida estoy deseando volver. El ambiente que vivimos en el campamento es genial”.

Aquí, los conductores no solo entablan vínculos unos con otros. También lo hacen con sus grandes plataformas de Volvo. Para transportar las mercancías, los camiones deben someterse a tareas de mantenimiento al menos una vez a la semana y los conductores tienen que llenarlos de combustible y realizar comprobaciones previas al arranque cada día, para mantenerlos activos de forma permanente.

Contemplando la autopista del desierto.

Es un viaje muy solitario. No hay signos de vida, excepto alguna que otra vaca, un camello o un dingo que cruza la carretera. Y las jornadas son largas.

 

“Son muy cómodos de conducir, todo marcha a la perfección y cuidamos de los camiones como si fueran nuestros. Estás en el mismo camión todo el tiempo, así que, lo mantienes limpio y cuidas de él. Si la empresa pone a otro conductor al volante y no lo cuida, es algo que me molesta mucho”, afirma Maxine y añade: “Mi padre tuvo precisamente un Volvo. Y ahora yo conduzco un Volvo también, así que, le tengo cariño.

Aunque le encanta su camión y el estilo de vida que conlleva su trabajo, Maxine también piensa en su vida después de dedicarse a transportar manganeso a través del desierto.

“Creo que me gustaría seguir haciéndolo durante los próximos cinco años y luego quizás me jubile”, señala. “No sé muy bien qué haré. Quizás pase más tiempo con mi familia en Nueva Gales del Sur".

Pero de momento, afirma que va a disfrutar de cada minuto de sus días en la carretera, subiendo el volumen y riéndose con “los chicos” en la radio.

“Simplemente disfruto del momento”, comenta. “Supongo que mi marido estaría orgulloso de mí por lo que hago. Sí, creo que lo estaría”.

El camión

Camión: Tren de carretera “cuádruple”.
Modelo: Volvo FH16.
Motor: 700 CV, par de 3.150 Nm con I-Shift.
Tractora: 10X6 (dirección doble tri drive).
Remolque: 4 remolques - 2 remolques “A”, 2 remolques pequeños y B doble (combinación de 7 piezas en total).
Peso: 175 toneladas (masa máxima en combinación).
Carga útil: Supera las 113 toneladas.
Longitud: 53,5 metros.
Ruedas: 84.
Combustible: capacidad de hasta 1.840 litros. (Prácticamente no existe ningún lugar para repostar entre las distintas minas y Port Hedland y es habitual tener que recorrer 800 km sin poder repostar).
Funciones: Adaptado para el calor intenso y condiciones extremas.

  • Paquetes de hielo para proteger al conductor en caso de que se produzca un imprevisto.
  • Barras de parachoques para proteger el camión de impactos con animales salvajes.
  • Funciones de refrigeración especiales para gestionar elementos de alto riesgo como las baterías y los diferenciales.

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