En el corazón de la jungla de Borneo

Con el tiempo impredecible de Borneo y su terreno irregular y complicado, el transporte en el sector de la minería supone una extenuante demostración de habilidades al volante.

Conozca cómo se transporta carbón a través de la salvaje jungla de Borneo en este episodio de El mundo del conductor.

En las profundidades del pozo, las máquinas se mueven como hormigas mecánicas, persistentes e infatigables. Hay un ruido de motores distante. Fuera de la mina, la niebla se ha disipado para revelar las montañas cubiertas de bosques.

Neblina en la jungla de Borneo.

El clima en Borneo es cálido y húmedo y los aguaceros tropicales en la estación de lluvias pueden alterar todo el paisaje.

Abajo en la mina, suena un rugido potente. Es el sonido de la piedra al golpear contra el acero, cuando se amontonan sobre la plataforma del camión carga tras carga de carbón y tierra. Andreas Wahyudi espera con la mano sobre la palanca de marchas durante el breve tiempo que tarda su compañero en llenar la carga. 

Seguidamente pisa el acelerador y vuelve a subir hasta la cima. “Lo más importante es estar centrado, tener cuidado y comunicarse con el otro”, explica.

La Mina Susubang es una cantera al aire libre de 9.000 hectáreas en Kalimantan Oriental, la parte indonesia de la isla de Borneo. Aquí es donde se extrae el carbón más duro y más caro: la antracita. 

El carbón expuesto tiene el aspecto de bandas verticales de color negro en la tierra excavada. Para acceder a ellas es necesario realizar voladuras, seguidamente se retira la tierra rocosa entreverada de carbón. Todos los días, Andreas de 31 años, retira tierra en un Volvo FMX, desde la zona de la mina hasta un vertedero situado a 1,5 kilómetros de distancia. El firme irregular y la pesada carga de hasta 27 toneladas, no solo requieren vehículos resistentes, sino también conductores hábiles.

Nunca sabemos lo que nos espera más adelante. El terreno se mueve y el aspecto que tenía todo hace un momento puede cambiar rápidamente la próxima vez.

Andreas Wahyudi, conductor de camión

Las profundas rodaduras, las piedras y los grandes baches hacen que las carreteras de la zona de la mina resulten complicadas. La tierra que se extrae cambia rápidamente el paisaje, igual que los corrimientos de tierras y los aguaceros. 

“El terreno es el mayor desafío. Las condiciones de las carreteras tienen una influencia decisiva sobre la seguridad”, explica Andreas.

Andreas Wahyudi en su habitación.

Andreas Wahyudi vive con otros veinte conductores en el alojamiento para trabajadores próximo a la mina.

Los camiones totalmente cargados pasan a toda velocidad y Andreas no pierde ojo. Luego llega a un charco de agua en la carretera y agarra el volante con las dos manos. El motor aumenta las revoluciones cuando el camión se aproxima a una pendiente y asciende. 

“No hay problema, este motor es potente”.  

En la radio de comunicaciones se escuchan instrucciones constantes sobre dónde soltar la carga, preguntas sobre la posición de Andreas y advertencias sobre los obstáculos de la carretera. En la mina, la comunicación es lo más importante. 

“Nunca sabemos lo que nos espera más adelante. El terreno se mueve y el aspecto que tenía todo hace un momento puede cambiar rápidamente la próxima vez. A pesar de todo, sé que mis compañeros me mantendrán informado, así que estoy tranquilo”, explica Andreas.

Durante su turno de trabajo, Andreas nunca se baja del camión, pero la comunicación constante por radio, los bocinazos y los saludos amistosos de los demás conductores hacen que no se sienta solo. 

“Lo mejor de este trabajo son los nuevos amigos que he hecho”, asegura Andreas.

Procede de Longkali en Kalimantan Oriental y, al igual que muchos otros conductores, está muy lejos de su familia. Durante los últimos años, la gran demanda de oro negro, en buena parte de China, ha animado a empresas extranjeras a abrir cada vez más minas en Kalimantan y esto ha creado una gran necesidad de mano de obra. 

Andreas comparte actualmente alojamiento con otros veinte conductores a un breve trayecto en autobús desde la mina. Dispone de su propia habitación, con muebles sencillos, con un colchón sobre el suelo y pósteres de sus futbolistas favoritos en la pared. La mayor parte de las horas que permanece despierto las pasa en la cabina del camión y le gusta.

Camiones en la mina.

El paisaje del pozo minero cambia constantemente por las extracciones de tierra. La comunicación entre los conductores por tanto es esencial y la emisora de radio nunca está callada.

 

Andreas lleva conduciendo camiones desde 2005 y el último año lo ha pasado trabajando en la mina. Al principio iba al lado de otro conductor para recibir formación especial. 

“Para empezar, es bastante desagradable cuando el camión está inclinado, pero ya estoy acostumbrado. El Volvo es muy cómodo, así que puedo estar relajado. En comparación con otras marcas de camiones, la suspensión y los amortiguadores de la cabina son excelentes”, asegura. 

Es mediodía y el momento para la pausa del almuerzo a cierta distancia de la mina. Los trabajadores comen el arroz que traen a la sombra de un tejadillo y encienden cigarrillos mientras los camiones esperan en el aparcamiento.

Andreas Wahyudi.

Andreas lleva conduciendo camiones desde 2005 y el último año lo ha pasado trabajando en la mina.

Hay un silencio total con el calor. Los pesado vehículos que parecen abandonados bajo la intensa luz del sol han compactado la arcilla. El barro se ha secado en las rodadas de neumáticos y en las ruedas y en el chasis del camión cuelgan trozos de barro arcilloso. Huele a diésel y a caucho caliente. El trabajo prosigue durante toda la tarde.

Al día siguiente, sin embargo, la escena ha cambiado. Ha llovido durante toda la noche, las montañas están envueltas en la niebla y el aire está cargado de humedad. 

“Hoy el terreno va a ser resbaladizo”, dice Andreas. Acaba de tomar su desayuno de arroz y pollo en la cantina, donde el aire huele a chile y aceite, y se ha calzado las botas de piel en la intensa luz matinal. 

Un viento fresco sopla en el aparcamiento de camiones y el terreno es una piscina de barro. Andreas comprueba rápidamente su camión. Aceite, filtro, neumáticos, frenos: todo parece estar bien. Con un impulso con las botas en el escalón de arriba se sube a la cabina y escribe una nota. Seguidamente pone música tecno, se reclina y espera...y espera. 

Cuando conduzco me siento importante y orgulloso de mí mismo.

Andreas Wahyudi, conductor de camión

En la isla tropical de Borneo, las lluvias del monzón caen con fuerza y de repente. Llegan con frecuencia, pero son difíciles de predecir. Después de la lluvia, las carreteras tienen que arreglarse y todos los demás trabajos se detienen por motivos de seguridad. 

“De lo contrario, corremos el riesgo de acabar en una zanja y volcar, o chocar. Hoy está despejado, pero sabemos que puede llover en cualquier momento”.

El trabajo también se detiene cuando la niebla y el polvo impiden la visibilidad. Así que, cuando se puede trabajar, todo el mundo trabaja a tope. Un camión Volvo en esta mina funciona a todas horas y dura hasta diez años. 

Conforme el sol se eleva y la niebla se disipa, los conductores se doblan sobre sus camiones Volvo de color blanco. El sonido de los motores se ha detenido y la música de las cabinas se entremezcla entre los camiones. Uno de los conductores ha subido el volumen y se estira, con las piernas encima de la puerta abierta.

Los camiones comienzan el turno de noche.

Andreas conduce durante 11 horas al día, realizando el mismo recorrido de 18 minutos. Cuando acaba, otro conductor le sustituye y trabaja durante el turno de noche.

 

La extenuante conducción en la mina hace que el cansancio sea uno de los mayores riesgos y se hacen pruebas con regularidad para asegurarse de que ningún conductor esté demasiado cansado. Andreas conduce durante once horas al día. Admite que es monótono, repetir día tras día el mismo viaje de 18 minutos. No obstante, se ve más que compensado por el sentimiento que deja tras de sí.

“Cuando conduzco me siento importante y orgulloso de mí mismo. Me llena de satisfacción”, explica. 

De repente, le dan luz verde y enciende inmediatamente el motor. El sol ya está alto en el cielo sobre la mina. Al final del día de trabajo, Andreas vuelve a su plaza de aparcamiento, apaga el motor y se baja. La Luna brilla con intensidad detrás de la nubes, sobre pilas de tierra roja, la vegetación y los distantes montes azules. 

Hombres con camisas azules y cascos van de la cantina a los camiones, listos para comenzar el turno de noche. Andreas se queda de pie bajo la luz de la luna. En Longkali era granjero y conductor de camión. La oportunidad de trabajar y ganar dinero lo trajo aquí, junto con la oportunidad de desarrollar sus habilidades y hacer carrera.  

“En el futuro, cuando me lo pueda permitir, me gustaría empezar mi propio negocio en el sector del transporte, aprovechando la experiencia que he adquirido aquí. Quién sabe”, dice con una modesta sonrisa que le ilumina la cara, “puede que un día incluso compre mi propio camión”.

El camión

Volvo FMX para trabajos de contrato exigentes, en forma de volquete 6x4 Scow 17M3 (para sobrecapa), con un motor D11A en línea de seis cilindros y 10,8 litros que desarrolla 370 CV

Cómo se usa: Para transportar tierra (sobrecapa) en la Mina Susubang

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